Crónica que recorre el 28 de diciembre desde su origen trágico hasta la broma contemporánea: risa, engaño, inocencia, dialogando con la memoria, el poder y la dignidad. Última de Evo-Matrix.

INOCENTADA
Burla disfrazada de memoria

Crónica por Evo Matrix
El calendario marca 28 de diciembre y, sin pedir permiso, la risa se cuela en la historia. No es una risa limpia ni inocente del todo: es una carcajada heredada, una travesura con raíces de sangre, un juego que nació del llanto y aprendió a caminar riéndose de sí mismo.
El Día de los Santos Inocentes tiene un origen bíblico que incomoda. Según el Evangelio de Mateo, Herodes, atenazado por el miedo a perder el trono ante el advenimiento de Jesús anunciado como ‘Rey de los judíos’, ordenó la matanza de los niños menores de dos años en Belén. Aquellos infantes, víctimas del poder y del miedo, quedaron inscritos en la memoria cristiana como los primeros mártires. La fecha, marcada por el duelo, atravesó siglos hasta llegar a un punto extraño de la historia: alguien —la cultura popular, siempre irreverente— decidió cambiar las lágrimas por bromas.

Y así ocurrió la metamorfosis. En España y luego en América Latina, el día se volvió terreno fértil para la “inocentada”, esa pequeña trampa que no busca herir, sino sorprender; que no mata, pero descoloca. El grito ritual lo resume todo: “¡Inocente mariposa!”.
El mundo moderno, con su hambre de viralidad, ha hecho del 28 de diciembre un laboratorio de engaños colectivos. Medios de comunicación, marcas y celebridades han caído —y han hecho caer— en bromas que cruzan fronteras.
Allá por los mediados de los años 80, José Orellano separó a El Binomio de Oro —Rafael Orozco e Israel Romero, entonces de gira por Usa— en una crónica que resumió El Heraldo el primera página y desplegó a todo lo ancho de la portada de la sección Sociales. Infinidad de gente lo creía hasta que llegaban al final de la lectura: “Pásalo por inocente”. Quienes no llegaron a la última línea lo creyeron y lo pregonaron y, por un largo rato, lo hicieron verdad, incorporándole a la especie informativa “verdad” propia: daban a conocer motivos, las razones que llevaron a la separación.
En 2016, por ejemplo, varios portales replicaron como noticia seria la supuesta separación de una pareja famosa que jamás estuvo en crisis. Horas después, el desmentido: era 28 de diciembre. La audiencia, entre risas y rabia, confirmó una vieja verdad: no todo lo publicado merece fe, menos ese día.

Las inocentadas también han atrapado a gigantes. A más de un actor de Hollywood le anunciaron, con solemnidad, un premio inexistente; a cantantes se les adjudicaron giras imaginarias; a futbolistas, fichajes que nunca ocurrieron. Algunos se lo tomaron con humor. Otros, no tanto. Porque el problema no es la broma, sino el contexto. Hay engaños que juegan limpio y otros que pisan callos.
En Colombia, el 28 de diciembre ha sido escenario de conflictos tan pintorescos como reveladores. Alcaldías que anunciaron medidas absurdas —impuestos por respirar, multas por bostezar— y ciudadanos que no entendieron el chiste. En pueblos donde la palabra aún pesa, una tomadura de pelo puede terminar en reclamo público, discusión familiar o ruptura de amistad. No todo el mundo quiere ser protagonista de la burla colectiva.
Evo Matrix lo ha visto: la línea entre la risa y la ofensa es tan delgada como una hoja de calendario. Una inocentada mal lanzada puede convertirse en herida abierta. Anunciar un falso embarazo, una muerte inexistente, una enfermedad inventada… eso ya no es juego, es crueldad disfrazada de tradición.
Pero el 28 de diciembre también tiene su lado luminoso. Es el día en que el poder puede ser burlado sin castigo, en que el pueblo se ríe de sí mismo, en que la solemnidad baja la guardia. Es el único día del año en que el engaño tiene permiso social, siempre y cuando no traicione la dignidad.

Tal vez por eso sobrevive. Porque nos recuerda que somos vulnerables, crédulos, humanos. Que, incluso, sabiendo la fecha, podemos caer. Que la inocencia no se pierde del todo: se esconde, espera, y reaparece cuando alguien nos dice algo increíble… y decidimos creer.
El 28 de diciembre no celebra la mentira; celebra la fragilidad de la verdad cuando la risa entra en escena. Viene de una tragedia, se expresa como juego y termina siendo espejo. Un espejo donde, por un instante, aceptamos que no lo sabemos todo, que podemos equivocarnos, que también somos —todavía— un poco inocentes. Si no bastante.
Y entonces, con un tinto caliente entre las manos y la palabra alerta, uno sonríe. Desconfía. Y, aun así, escucha. Porque quién quita que, entre broma y broma, se nos cuele una verdad.
Como, por ejemplo, anunciar hoy que esta es la última nota que yo, Evo Matrix, genero para El Muelle Caribe.

