La elegida

La elegida

En medio del bullicio electoral del 8 de marzo en Colombia, una figura simbólica se eleva sobre tarjetones: ella es protagonista histórica, cuya lucha trasciende votos, campañas y calendarios políticos…

Imagen de portada: Una ilustración de IA, simbología sobre el gran acontecimiento que cubre a este domingo 8 de marzo.

SOLEMNICEMOS

Por Evo Matrix

En este país, donde hoy domingo, 8 de marzo de 2026, abundan los tarjetones, los discursos encendidos, las caravanas y los cafés electorales —tinto tras tinto—, hay una candidata que no necesita partido, ni aval ni maquinaria.

No hace campaña en plazas públicas, ni promete reformas estructurales. Tampoco ha necesitado pauta en redes sociales.

Hoy, antes de que, durante el festín electorero que se vive, millones de colombianos decidan elegir entre 3.081 prohombres y “prohembras”, a 102 senadores, a 183 representantes a la Cámara y a 3 presidenciables entre 16 “consultables”, por encima de todos estos y estas, mujeres y varones aspirantes, ella es quien se impone en esta fecha.

Así las cosas, la elegida de hoy es una sola: ella…

Hoy, mientras Colombia cuenta votos o al menos calcula alianzas futuras, el calendario recuerda que existe una historia mucho más larga que cualquier campaña política: la historia de la lucha femenina por existir con derechos, voz y dignidad.

Hoy, mucho más allá de las urnas —a las que, obviamente, hay que acudir para cumplir con el derecho a elegir y ser elegido, a la postre: un deber—, hoy, se celebra el Día Internacional de la Mujer.

El origen de esta fecha no nació en salones diplomáticos ni en hashtags. Surgió en el ruido de las fábricas y en el cansancio de las jornadas interminables.

A comienzos del siglo XX, en medio de huelgas obreras y demandas por condiciones laborales más humanas, las mujeres comenzaron a reclamar algo tan elemental como revolucionario: igualdad.

Fue la dirigente socialista alemana Clara Zetkin quien propuso en 1910, durante una conferencia internacional de mujeres trabajadoras, establecer un día dedicado a esa lucha. No era una fiesta: era una jornada de reivindicación.

Años después, el 8 de marzo quedó grabado en la historia cuando miles de obreras salieron a protestar en Petrogrado pidiendo “pan y paz”, una movilización que terminaría detonando la Russian Revolution.

Décadas más tarde, la conmemoración fue adoptada oficialmente por la United Nations, que en 1975 institucionalizó el International Women’s Day: Día Internacional de la Mujer.

Pero entre aquella protesta obrera y las ceremonias actuales hay una pregunta incómoda: ¿qué tanto se ha avanzado realmente?

Porque el 8 de marzo tiene esa extraña dualidad. Es conmemoración —celebración— y denuncia al mismo tiempo.

Se celebra a la madre, a la trabajadora, a la científica, a la artista, a la política, a la campesina, a la estudiante. Pero también se recuerda que el mundo sigue siendo un lugar desigual para millones de ellas.

En América Latina —y Colombia no es la excepción— las cifras de violencia, brecha salarial y representación política todavía hablan de una democracia incompleta, coja.

Paradójicamente, este domingo electoral es un buen ejemplo del camino recorrido… y del que falta.

Hoy muchas mujeres son candidatas, lideran campañas, dirigen partidos, opinan, investigan, escriben, gobiernan ciudades o ministerios, algunas son presidentas de naciones… Hace apenas unas generaciones eso era casi impensable.

Pero todavía no es lo normal. Sigue siendo noticia.

Y ahí está la ironía de este día: mientras la política compite por votos, el 8 de marzo recuerda que la verdadera competencia ha sido histórica. No por un escaño, sino por derechos básicos.

Por votar… Por estudiar… Por trabajar… Por decidir… Por vivir sin miedo.

De modo que sí: hoy Colombia está en modo electorero.

Habrá análisis, encuestas, triunfadores y derrotados. Habrá discursos de victoria y explicaciones de derrota. Y mañana los titulares hablarán de quién ganó el Senado, quiénes no llegaron a la Cámara, quién perdió realmente la consulta o quién quedó bien posicionado para la presidencia.

Pero, por encima de todo ese ruido político, la fecha insiste en recordarnos algo más profundo.

Que hay una protagonista que no pertenece a ningún partido. Que su historia no cabe en un período legislativo. Y que su lucha empezó mucho antes de que arrancara cualquier campaña política.

La elegida —la verdadera— sigue siendo ella: La mujer.

Mujer colombiana: a conmemorar, votando bien en tu día internacional.