Memoria de los ausentes

Memoria de los ausentes

Reflexión íntima sobre la soledad, la pérdida de amigos y contactos, el paso del tiempo y la memoria afectiva; el narrador aprende a convivir con la ausencia y hallar esperanza.

Imagen de portada: Evocación de viejos tiempos en el ejercicio de la literatura. Y una ilustración como imagen que se institucionaliza para anunciar cada producción literaria que arribe a El Muelle Caribe.

La ausencia

Por Siervo Mora Monroy

“Hola soledad”
Rolando Laserie (Canción popular)

Llegaste a mí como la sombra, que apenas se ve y se siente pero no se toca.

Dime, ¿con quién viviste? Pero, ¿por qué viniste tan sola? ¿dónde dejaste los que me visitaban?

¡Qué visitas tan bonitas! Las que me daban alegría, las que envolvían mi alma en el regocijo de la empatía total. Esas que me traían como regalo el afecto horneado en el calor del corazón para compartir la vida. Me entregaban en su abrazo la inmensa dicha de sentirme vivo. Tocaban a mi puerta para compartir los logros hogareños, la euforia efímera de alcanzar un sueño. A veces acudían con el regalo invaluable de la  solidaridad que sirve para arrancar espinas de algún dolor. O simplemente llegaban por el placer de visitar empujados por las brisas sutiles de una verdadera amistad.

Pero, dime, ¿dónde quedaron los que me llamaban?

¡Qué poco cuesta una llamada, y lo mucho que se agradece! Los que se tomaban el fácil  trabajo de llamar porque mi vida todavía pasaba como una ligera nube por sus vidas, removían en mis entrañas el milagro infinito de seguir existiendo. ¡Qué placer escuchar la voz nacida de un tañido de sinceridad! ¡Cuánta falta hace compartir entre carcajadas el gracejo festivo del buen humor! De la generosidad viene el impulso por querer saber en una llamada cómo va la travesía por la aventura del vivir.

Y… entonces, ¿en qué abismo se hundieron todos aquellos que me escribían?

No añoro las cartas de antaño, las que venían envueltas en perfumes de amor o en fragancias de amistad. Ahora son otros tiempos… algo dicen los reenviados, los escritos de fácil circulación fabricados por otros. ¡Qué hermoso es el mensaje que brota de la mente al brazo pasando por el corazón antes de verse en la escritura!

Ahora que me arropo entre los pliegues de tu manto, vuelvo a pensar en la importancia de saber perder. Todo en la vida es una sucesión de pérdidas, hasta que antes de perder la esperanza, finalmente se pierde la vida misma. En la añoranza quedaron quienes me visitaban, me llamaban o me escribían. Unos cayeron segados por la implacable guadaña de las Parcas, otros el trabajo demoledor de Cronos, que todo lo marchita,  les impide hacerlo, y a decir verdad, los poquísimos que quedan, tiznados por las cenizas del olvido, no se les pasa por la mente tener la caridad y la misericordia de despertar la vida.

Viniste solitaria y sombría. No sé cuánto tiempo estarás conmigo. Para que no me traigas pesadumbre yo te sabré tratar y entonces me darás espacio para echar a volar  coloridas mariposas de imaginación y me ayudarás  a soportar las rutinas de las cosas sencillas. ¡Avancemos!… Que una luz divina nos alumbrará la incertidumbre del camino.

Siervo Mora Monroy