Casa compartida

Casa compartida

Entre tinto y centenarios, la FILBo convoca reencuentros que reviven memorias, celebran a Cepeda y Gabo y empujan nuevas complicidades literarias, donde la palabra sigue siendo casa compartida hoy viva.

Imagen de portada: ‘Encuentros para no olvidar’, así titula el director la imagen de portada dedicada al conversatorio entre poetas, escritores y periodistas, evento cumplido el sábado 2 de mayo en FILBo/2026 para conmenorar y celebrar los cien años de Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez.

OTRA SABATINA FILBO

Ese punto de encuentro convocado por la Asociación de Escritores del Magdalena y respaldado por la Universidad del Magdalena para conmemorar los cien años de Cepeda y de Gabo.

Rafael Darío Jiménez le firma su libro ‘Atando cabos’ a José Orellano, y seguidamente José Luis Díaz Granados, Mayra Alejandra Cotes, Jimmy Abdala Oliveros y Oswaldo Frank Manjarrés, protagonistas de otra sabatina en FILBo.

Por José Orellano

Otra vez, sábado en FILBo/2026.

Otra vez, un espacio —stand uno, segundo piso, ‘Editoriales universitarias’— cedido por la Universidad del Magdalena.

Otra vez, Santa Marta.

Otra vez, un punto de encuentro para los reencuentros.

Esta vez, para rendir sendos homenajes al centenario de dos escritores que, hasta donde llegaron, nunca dejaron de ser ‘Ser Caribe’.

Nos reunían los cien años del natalicio de Álvaro Cepeda Samudio —ya pasado, el 30 de marzo—, conmemoración-celebración para todo 2026, y los cien años de Gabriel García Márquez —6 de marzo de 1927—, celebración desde ya y, quizá, hasta más allá del calendario.

Fue la excusa perfecta para que los poetas y escritores magdalenenses José Luis Díaz Granados, Rafael Darío Jiménez Padilla, Mayra Alejandra Cotes, Oswaldo Frank Manjarrés y Jimmy Abdala Oliveros —Pijiño allí— se apropiaran de dos horas del sábado 2 de mayo y compartieran sentires, emociones, saberes.

No llegó Jairo Mejía Cuello: “sufrió un accidente familiar”, me dijeron cuando pregunté por él, puesto que lo llamé, le escribí y no respondió.

El poeta y escritor Rafael Darío Jimenez instala el evento cultural homenaje a los centenarios de Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez.

Entonces, pues, por convocatoria de la Asociación de Escritores del Magdalena, estamos aquí, en esta vespertina sabatina, FILBo/2026…

…para escuchar a José Luis Díaz Granados contarnos lo que sabe de la relación Cepeda Samudio–García Márquez: cuánto influyó el barranquillero en el cataquero; cómo ese Gabito de años niños y comienzos literarios y amigos de aquellos entonces —antes del Gabo-Nobel— fue tomando la altura que luego lo cubrió.

Y para dar fe del valor literario-periodístico de ‘Atando cabos’, libro que, en el marco del homenaje, presentó Rafael Darío, aupado por el contenido de un texto de la sección ‘Los Danieles’ que, en la revista Cambio, escribió Daniel Samper Pizano.

Recién salido del horno

Rafael Darío presenta su obra de 33 años de antigüedad.

Estamos aquí, tarde de arrullo, desde las voces de Mayra Alejandra, Oswaldo Frank —quien obsequió a los asistentes su revista ‘Memoria Tairona’— y Jimmy: los dos primeros, declamando trocitos de su amplia producción; el tercero, llevándonos —desde sus ensayos— por caminos andados no solo por Cepeda Samudio, sino por otros animadores de la literatura colombiana.

Poetas y ensayista

Mayra Alejandra, Oswaldo Frank y Jimmy en escena literaria.

Tarde samaria en la fría Bogotá para enaltecer —en este punto de encuentro— los reencuentros: con el periodista Edgar Tatis y su esposa, recordando aquellas experiencias en El Informador, decano del periodismo en el Magdalena, por donde anduve tres temporadas inolvidables. “Aquellos memorandos que me pasaste, pero te aprendí mucho”, evocó Edgar. Y eso ocurrió hace 25 años.

Un tinto compartido por Edgar Tatis con José Orellano. El reencuentro de dos colegas después de 25 años.

Reencuentros cargados de abrazos, afectos y tinto, mucho tinto: escuchar a Edgar hablar de su deseo de radicarse en Bogotá, tras semanas en el Distrito Capital prestando servicios profesionales al Congreso; y comprometernos a consolidar amistad y —nadie quita— a embarcarnos en algún proyecto productivo.

Y, además, encuentro con el pintor Edgar Francisko Jiménez —Pijiño allí—, quien nos entrega su libro ‘La danza del color: 40 años de vida artística’ —ya son 13 más—, una constelación de formas y modos de decir, de expresarse, desde la pintura.

Con Edgar Francisko queda pendiente un trabajo periodístico para una entrega venidera,

El libro de Edgar Francisko Jiménez.

Tarde de sábado, aurora de mayo, para que Rafael Darío rindiera homenaje a El Muelle Caribe, presentara mi página de once años en la web ante quienes no la conocían y me “obligara” —sorpresa en mano— a pasar al micrófono.

A estas horas, no tengo muy claro qué dije. Pero lo dije. Que para eso son los reencuentros. Al final, en esta otra vez en el espacio cedido por la Universidad del Magdalena dentro de FILBo, cuando baja la voz y se enfrían los tintos, queda lo esencial: que nos seguimos encontrando para no olvidarnos. Que la literatura —como el Caribe— insiste. Y vuelve.

Jimmy, Oswaldo Frank, Rafael Darío y Mayra Alejandra.

Algo que agregar: el reencuentro con Tatis ha de extenderse hasta este lunes 4 de mayo, cuando asistamos juntos a la presentación del libro ‘La flor amarilla del prestidigitador’-Encuentros con Gabo de la autoría de Gustasvo Tatis Guerra, hermano de Edgar.

Tendrá lugar, a partir de las 11:30 de la mañana, en el Gran Salón D de Corferias.

La reseña de la obra, en https://www.buscalibre.com.co/, dice que “La amistad y familiaridad de Gustavo Tatis Guerra con García Márquez no han hecho más que extenderse y profundizarse con toda la familia del escritor a lo largo de las dos décadas y media que implican los diecisiete textos que componen La flor amarilla del prestidigitador. Es el mismo tiempo que ha necesitado su autor para vivirlos, meditarlos y escribirlos, capítulo a capítulo.

“No se trata, por tanto, de una colección de textos heteróclitos, sino de una reunión de trabajos, de búsquedas y expresiones, que tienen la misma convergencia: revelarnos hechos y aspectos variados de la vida, la familia y la obra de Gabriel García Márquez, acaso aquellos que han afectado al mismo Tatis Guerra de algún modo como hombre y escritor, pues, como afirmó Margarite Yourcenar, las personas miramos siempre en un libro o en una vida las facetas que reflejan mejor nuestra propia vida. Así, el autor nos lleva de la mano, con su pluma experimentada de periodista y reportero y su ángel acariciador de poeta y pintor, a través de la vasta geografía humana, emocional, familiar, literaria, periodística, cinematográfica, política y diplomático del autor de Crónica de una muerte anunciada”.